UNIVERSIDAD DE CHILE
FACULTAD DE CIENCIAS FÍSICAS Y MATEMÁTICAS
VÍCTOR L. PÉREZ V.
EN REUNIÓN
CON ACADÉMICOS SOBRE
LA PROPUESTA DE FONDO
GENERAL 1996-1998
17 OCTUBRE 1995
Salón IDIEM, Martes 17 de Octubre de 1995
Víctor L. Pérez
He creído mi deber informar a los académicos de la Facultad sobre decisiones de índole presupuestaria que tomó el Consejo Universitario y que, en mi opinión, dan señales equivocadas para el quehacer académico y económico de la Facultad y de la Universidad de Chile.
El Consejo Universitario aprobó, por 13 votos a favor y 4 en contra (los Decanos de Medicina, Artes, Cs. Físicas y Mat. y el Consejero Prof. Lahsen), una Propuesta presentada por su Comisión de Economía, Finanzas y Política de Personal (integrada por 9 de sus miembros, incluidos el Rector y el Prorrector, y en que también participa el Vicerrector Económico y Administrativo).
En términos generales, la Propuesta aprobada reduce en M$ 1.800 el presupuesto de 1996 de la U, para hacer frente al déficit de funcionamiento, y modifica los criterios de asignación presupuestaria para generar un fondo de M$ 400 a reasignar a algunas Facultades.
Para ello, la Propuesta actúa sobre los Ingresos Centrales de la U, que son aquellos provenientes de aranceles de alumnos, aporte fiscal indirecto (AFI), aporte fiscal directo (AFD), aporte fiscal extraordinario (AFEX) y otros ingresos menores.
Una primera consideración entrega a las Facultades parte de los Ingresos Centrales que se originan en sus actividades docentes. Mediante un factor de retención, que considera tres niveles de costos de la docencia, entrega a las Facultades entre el 50 % y el 70 % (aprx.) de los ingresos que se reciben por aranceles de sus alumnos. Con argumentos relacionados con el prestigio institucional, entrega a las Facultades el 50 % de los AFI generados por sus alumnos.
Una segunda consideración no entrega a las Facultades los mayores overheads que puedan tener a futuro los proyectos Fondecyt. Se estima que este mayor overhead puede ser del 14 % en 1996 y del 21 % a partir de 1997.
Una tercera consideración reduce, en un 6,5 %, el Aporte Institucional que actualmente reciben los organismos, a partir de 1996. El Aporte Institucional es el aporte que los organismos reciben de aquella parte de los Ingresos Centrales no ligada directamente a la docencia que imparten.
La Propuesta fue analizada en la Facultad por el Comité Operativo, el Comité Operativo Ampliado, y el Consejo de Facultad Ampliado.
Nosotros consideramos que la Propuesta es un intento por abordar la situación financiera de la U, algo en lo que creemos firmemente, y tema que hemos enfrentado exitosamente este año en la Facultad.
Somos, sin embargo, decididamente contrarios a esta Propuesta:
Esto significa un cambio en las reglas del juego en materias presupuestarias para la Facultad, el que no tomó en cuenta consideraciones académicas. Ello genera fuertes incertidumbres, ya que abre la posibilidad que a futuro el Consejo Universitario, por las mismas u otras razones, apruebe nuevas rebajas en los aportes a la Facultad, o quiera imponer algún tipo de peaje a sus recursos.
Esta incertidumbre pone en duda la factibilidad de proponer y aplicar cambios internos que pongan en práctica nuestros proyectos académicos.
En efecto, esta reducción del aporte aparece en momentos que la Facultad esta viendo cumplidos los objetivos que se propuso en 1995 en materias económicas, y que fueron considerados como una condición necesaria para hacer factibles y creíbles nuestros proyectos de desarrollo académico.
En lugar de exigir nuevos recursos al Estado o al nivel central, acorde con lo que creemos nos correspondería por la cantidad y calidad de nuestra actividad docente y de investigación, decidimos hacer un gran esfuerzo interno. La aplicación de estas medidas significó, en todos los Departamentos, supresiones de cargos y rebajas en los aportes para funcionamiento, llegándose en algunos casos a situaciones límites para el funcionamiento académico.
Se estima que este fondo tendrá recursos en 1996 por montos similares a los de 1995, los que serán asignados a proyectos para mejorar la docencia de pregrado y para apoyar a academicos en formación.
Hemos realizado un tremendo esfuerzo interno, serio y con gran sacrificio, pero sentimos que se dan las señales equivocadas.
Este Decano fue el único que dijo en el Consejo Universitario que, dada la situación económica de la U, las remuneraciones de 1995 debían aumentarse sólo en el porcentaje que lo permitieran los aportes estatales. Sin embargo, tengo entendido que los Servicios Centrales y el Hospital dieron un 12,2 %, lo que no es una buena señal institucional cuando se quiere disminuir un déficit presupuestario.
Para estos efectos, el Aporte Institucional se constituiría, además del AFD y el AFEX, con los siguientes tipos de peajes a los ingresos generados por actividades propias de las unidades:
En otras palabras, la Propuesta impone altos peajes a aquellos ingresos que están directamente relacionados con la calidad de la actividad académica que realizan las unidades, y que tienen orígenes y destinos claramente identificables: los aranceles de sus alumnos, el AFI correspondiente a ellos, y los overheads de sus proyectos Fondecyt. ¿Cuáles son los incentivos para tener más y mejores alumnos, ganar más proyectos Fondecyt, y aumentar la eficiencia en la gestión de los recursos internos?
Por estas razones decimos que es una Propuesta académicamente regresiva, pues entrega señales que no incentivan la calidad académica de las unidades.
Todo lo anterior, a pesar que se propone generar M$ 400 para reasignar a determinadas Facultades, generando expectativas que son de dudoso resultado dadas las rebajas que tendrán en sus aportes estas Facultades y al monto a ser redistribuido.
Si la Propuesta supone que no habrá más recursos del Estado, hay que asumir que la solución a los problemas financieros de la U sólo vendrá por el ahorro interno, la redistribución de los recursos en función de las prioridades académicas, y el incentivo a la generación de recursos propios.
Nos extraña, entonces, que no se hagan comentarios sobre la actual distribución del Aporte Institucional (AFD más AFEX), la que asigna 24% a la administración central y servicios institucionales, 9,8% al Hospital Clínico, 20% a Fac. Medicina, 9,3% a Fac. de Cs. Físicas y Mat., y 37,4% al resto de las Facultades e Institutos.
¿Cuáles son las razones por las que la U recibe del Estado el AFD y el AFEX, y que relación guardan estas razones con los criterios actuales de distribución interna de estos aportes?
La Propuesta aprobada sólo modifica los criterios de asignación presupuestaria que tienen que ver con los ingresos por aranceles (M$ 10.534), y por el AFI (M$ 2.200), que representan el 35,8 % de los ingresos centrales.
De estos montos, la aplicación de los nuevos criterios distribuye a las unidades M$ 7.962, lo que sólo representa el 22,36 % de los ingresos centrales de la U.
La distribución del resto (la suma del AFD, AFEX y de los peajes ya mencionados a los aranceles, AFI y proyectos Fondecyt), que alcanza a los M$ 27.645, y que es el 77,64 % de los ingresos centrales de la U, se sigue haciendo por criterios históricos. Y es sobre la parte que reciben los organismos de estos M$ 27.645 donde la Propuesta aplica la reducción de un 6,5% parejo, sin mayor análisis de sus consecuencias académicas y presupuestarias.
Es significativo que la distribución del Aporte Institucional no merezca preguntas sobre su justificación y sobre las consecuencias académicas que su mantención o su modificación tendrían para la U.
Si la Propuesta no hace observaciones sobre esta distribución, habría que pensar que ella supone que tales distribuciones corresponden a prioridades académicas explícitas, o, habría que pensar que la Propuesta supone que no es factible o conveniente comentarlas o modificarlas en el corto plazo.
Debemos exigirnos seriedad al momento de analizar nuestros problemas y hacernos, con deferencia y respeto, las preguntas difíciles e intentar buscar, con antecedentes académicos, con solidaridad institucional y con amplitud de criterio, las respuestas, por difíciles que ellas sean.
Este tipo de análisis puede hacerse, por ejemplo, con respecto al Hospital. Los actuales recursos que recibe este organismo de parte de la U son insuficientes para hacer frente a todos los nuevos desafíos que presenta la medicina moderna, de alta complejidad. Pero, a la vez, los recursos que destina la U al Hospital representan un alto porcentaje relativo en la distribución de los Aportes Institucionales. Entonces, si definitivamente el Estado no entregará más recursos a la U, y reconociendo el alto nivel académico alcanzado por el Hospital y los tremendos esfuerzos que ha realizado su actual Dirección para aumentar la eficiencia y los ingresos propios, ¿no es posible pensar, en conjunto con sus académicos, en nuevas formas institucionales que aseguren su desarrollo académico y su fundamental participación en la formación de profesionales de la salud, y que signifique alguna disminución en los aportes que le entrega la U? ¿ Por qué no confiar en que el intercambio de opiniones, llevado a cabo con altura de miras y fundamenta- ciones académicas no genere nuevas opciones institucionales?
A lo mejor las respuestas a estas interrogantes nos tomará más tiempo que el que nos gustaría. A lo mejor llegamos a concluir que no puede o no debe modificarse la actual distribución presupuestaria en la U. Pero ello será el resultado de un debate que es propio de la vida académica.
Debemos intentar generar soluciones estructurales a los problemas financieros de la U, que son las únicas adecuadas a la envergadura de nuestros problemas. Las soluciones marginales pueden ser útiles en un muy corto plazo porque no son conflictivas, o porque prorratean el conflicto; sin embargo, ellas pueden encubrir de tal manera los problemas, que contribuyan definitivamente a la decadencia de una institución.
La Propuesta elude abordar las causas que, en nuestra opinión, originan la deuda de arrastre, el déficit estructural de funcionamiento, las bajas remuneraciones y la insuficiente capacidad de inversión de la U, y que son:
¿ Es que, una vez más, tenemos que aceptar medidas que consideramos perjudiciales para nuestro quehacer y conformarnos con reclamar entre cuatro paredes, para que no se diga que perjudicamos a la U? ¿Hasta cuando? ¿Por qué se busca tensionar al máximo el tejido institucional?
Se entra en un juego peligroso para la U el dividirla entre Facultades ricas y Facultades pobres, como si existieran muchos recursos a redistribui r. ¿ Es que por oponerse al criterio que le asigna una rebaja de M$ 200 esta Facultad es poco solidaria? ¿ Es que las dificultade s financieras de la U hacen olvidar las innumerable s muestras de solidaridad , - institucion al, académica y personal, de muchos académicos de esta Facultad cuando la U estaba intervenida ? ¿ No es solidaridad tener sólo un 9,38 % del Aporte Institucion al, dada la cantidad y calidad del trabajo de investigaci ón que aquí se realiza?
Queremos contribuir al desarrollo de la U. Reconocemos los esfuerzos que realizan todas las unidades de la U por salir adelante, académica y económicamente. Reconocemos los esfuerzos del Rector por conseguir mayor respaldo del gobierno para la U.
Pero se hace difícil dirigir la Facultad en un ambiente interno de tantas incertezas y desencuentros.
En mi opinión nuestro accionar futuro debe plantearse en cuatro ámbitos:
En mi opinión, el accionar en estos ámbitos no será fácil ni tendrá resultados en el corto plazo. Si realmente queremos el desarrollo para la U y para la Facultad, no podemos sustraernos a este esfuerzo.
De mantenerse estos problemas, ellos afectan la viabilidad misma de la U. Se necesitan bastantes más recursos para eliminar estos problemas, muchos más que los que podrían obtenerse de un cambio estructural en las formas de asignar los recursos en la U.
Aun más, pretender reorganizar la U sin recursos frescos no tiene sentido, ya que ello haría que prevalecieran los argumentos económicos por sobre las consideraciones académicas. ¿Qué disciplinas desaparecen por razones presupuestarias, las no rentables, las que no se autofinancian, las que no tengan el respaldo de inversiones privadas? ¿Qué carreras ofreceremos a futuro, sólo las baratas y las rentables? ¿Qué proyectos de investigación realizamos, sólo los que generen ingresos propios? ¿En que áreas apostamos a futuro, en las que ya están consolidadas, de bajo riesgo, o en las emergentes, de alto riesgo? ¿Cuántos recursos y tiempo requiere consolidar una disciplina y cómo financiamos su desarrollo?
¿Quién debe asumir el costo y las consecuencias financieras de la intervención vivida por la U? ¿El Estado o la U?
Es fundamental que logremos hacer del respaldo económico del Estado a la educación superior y la U una Idea País. La docencia y la investigación superior no pueden esperar.
¿Cuánto le costaría al país, cultural y económicamente, una U deteriorada? ¿Cuántos recursos, tiempo y sacrificios individuales ha costado desarrollar nuestros cuadros académicos?
Sí, requerimos mayores recursos del Estado, y no sólo nosotros, sino que todo el sistema universitario tradicional, para seguir siendo universidades.
El Rector ha sido reiterativo en este sentido y es nuestra responsabilidad hacer lo mismo, en todas las esferas de nuestra influencia y también de manera reiterativa.
Los nuevos criterios deberían dar señales para mejorar sustancialmente la calidad del quehacer académico y la eficiencia en la gestión académica.
La realización de estos cambios significaría:
La Comisión que proponga los cambios estructurales a los criterios históricos de asignar presupuesto debiera estar integrada por profesores titulares, ajenos a las responsabilidades de gestión académica. Ellos deberían proponer los lineamientos académico - económicos a ser considerados, luego de lo cual propondrían los criterios específicos a aplicar. Los lineamientos y los criterios específicos deberían ser analizados y sancionados por el Consejo Universitario.
También, a lo largo del tiempo, hemos presenciado una serie de desencuentros entre la Facultad y las instancias superiores de la U, debido a la diferente perspectiva con que abordamos algunas cuestiones académicas y económicas.
Ejemplos son la situación que originó la renuncia de la Comisión de Evaluación Académica de la Facultad, cerro Calán y, ahora, la Propuesta presupuestaria aprobada por el C.U.
Esto no es extraño desde el punto de vista organizacional. Estos desencuentros suceden en las instituciones grandes y complejas que tienen muchas unidades, que deben enfrentar un ambiente externo de fuertes cambios y en que cada unidad vive realidades diferentes, las que deben verse con la perspectiva propia de la unidad.
La forma en que estas instituciones enfrentan estas situaciones es mediante:
A la diversidad de nuestras disciplinas se superpone la diversidad de los ambientes externos en los que se desenvuelve nuestro quehacer, la diversidad en la forma de aproximarnos a los problemas, y la diversidad de nuestras culturas locales.
Estas culturas e individualidades deben respetarse y estimularse. Ello enriquece a la U, y no la disminuye.
Debemos buscar tener flexibilidad organizacional, sobre objetivos académicos comunes.
Debemos hacer explícito, hoy día, que nos estamos invitando a caminar por una senda de mayor autonomía y descentralización académica y económica para la Facultad en la U. Ello no significaría sino profundizar una senda por la que ha transitado esta Facultad, definiendo reglas claras que nos permitan orientar nuestro quehacer.
¿Cómo podríamos aplicar la rebaja?, ¿no terminando con la deuda de arrastre y con los déficit de remuneraciones y funcionamiento, y seguir con sus consecuencias?, ¿no teniendo capacidad para financiar proyectos de desarrollo académico?, ¿reduciendo los aportes a las unidades, de manera uniforme, en un 5%?, ¿eliminando algunas actividades académicas de la Facultad, sólo por razones presupuestarias?, ¿transformándonos en una unidad de prestación de servicios?
No estoy de acuerdo con ninguna de estas opciones.
No renunciaré a terminar con la deuda de arrastre y con la insuficiente capacidad de inversión. Ello significaría renunciar a tener las bases para desarrollar cualquier proyecto académico de la Facultad. Especialmente los que tienen que ver con la docencia de pregrado y el apoyo a académicos en formación.
En mi opinión, la rebaja de M$ 270 en los aportes a la Facultad, aprobada por el C.U., nos afectaría a todos y significaría rebajas en los aportes a las unidades. Estas rebajas no podrían ser uniformes.
Para dar una idea del monto a reducir, los aportes anuales que reciben algunos Departamentos para financiar remuneraciones y funcionamiento son: Ingeniería de Minas: M$ 170, Geofísica: M$ 234, Astronomía: M$ 240, Ingeniería Eléctrica: M$ 315.
El Consejo de Facultad tendría que establecer la factibilidad de poner en práctica esta Propuesta y las consecuencias académicas de ello.
Las propuestas sobre estas materias serán abordadas por el Consejo de Facultad, de quien he recibido una gran colaboración y que ha actuado con excelente predisposición en el análisis y puesta en práctica de las medidas académicas y económicas que ya hemos tomado.
La modificación de criterios en la asignación presupuestaria nos permitirá dar los incentivos correctos y necesarios para perfeccionar las actividades académicas.
Una redefinicion organizacional nos permitirá buscar una estructura organizacional más flexible y eficiente para la Facultad. Se podría pensar en tener unidades académicas más complejas, que generen otro nivel de sinergia, que permitan interactuar en áreas afines, que desarrollen proyectos de gran tamaño, que busquen acciones comunes - en proyectos en ciencia y tecnología, en cursos, en grupos de trabajo -, y que busquen unir las actividades que hoy están artificialmente separadas y compartamentalizadas.
Ello significará levantar las barreras administrativas y culturales que obstruyen nuestro accionar como Facultad.
A modo de ejemplo y sólo con el ánimo de compartir algunas ideas, hoy tenemos 15 Departamentos, lo que significa Directores, Subdirectores, jefes docentes, coordinadores de investigación, coordinadores de postgrado, un alto número de jefes de sección o áreas, jefes administrativos, etc.
No somos muchos y sin embargo nos estamos pulverizando. ¿No es posible pensar, por ejemplo, en una unidad de Ciencias de la Tierra? ¿No tendría ello, adicionalmente, impacto en el número de licenciaturas existentes actualmente?
Invito a los académicos a que trabajemos sobre estos antecedentes, que a través de sus Directores presenten sus opciones de cambio para la Facultad y de las acciones para que ello ocurra.
Yo haré llegar mi propuesta al C.F. en fecha próxima. Busquemos conjugar nuestras opciones. Los invito a que reproduzcan este tipo de cambios al interior de sus Departamentos, a que tomemos la iniciativa de manera conjunta.
Invito a los miembros de la Facultad a que miremos esta situación no como un nuevo problema, sino que como una oportunidad.
Una Facultad sólida, académica y económicamente, es nuestra mejor forma de enfrentar la incertidumbre y los desencuentros.
Creo, finalmente, que la situación producida nos enseña que debemos estar alertas. No quiero una Facultad que se acostumbre a que le falten el respeto académico, que sigue reduciéndose y que asume todos los costos, cualquiera que ellos sean. Esa no es la Facultad en que yo me formé.
Tenemos claro el norte de lo que queremos ser como Facultad y como Universidad, y de lo que representamos como esperanza para este país, y nuestras actitudes deben ser consecuentes con ello.
No se trata de decir: hemos perdido otra vez, nos han vuelto a pasar la aplanadora, debemos retroceder otra vez.
Existe un nuevo desafío que, como de costumbre, plantea restricciones fuertes y que debe ser planteado en su real dimensión.
Esta vez se trata de contribuir al desarrollo de la U, y de ser capaces de desarrollarnos en un ambiente incierto y con desencuentros al interior de nuestra propia Universidad.
Al igual que en el pasado, tenemos la obligación de responder de manera positiva a este nuevo desafío. Y la historia demuestra que esta Facultad ha sabido salir airosa en situaciones mucho más adversas que las actuales.
He creído mi deber presentar ante los académicos de la Facultad mi opinión ante la situación que enfrentamos.
Si estamos de acuerdo con estos planteamientos, los invito a que los demos a conocer, en cada instancia en que participemos; que insistamos en la necesidad de ponerlos en práctica, y que nos esforcemos para que ello ocurra.
Como Decano, debo hacer mi máximo esfuerzo por entender lo que es el alma de esta institución, y hacerla presente al resto de la U. Ojalá que ella se sienta representada por mis palabras y mis actitudes.
Muchas gracias.