|
Santiago, Septiembre 26 de 1996. No. 839 |
Estimado Señor Rector:
Estos recursos no son de libre disposición de la institución, sino que se deben asignar a las actividades docentes que los generan. Sólo de este modo las Unidades podrán entregar a los alumnos el nivel de calidad docente al que ellas se comprometen y se hacen responsables al momento de admitir a los alumnos y recibir sus aranceles.
Aquí hay una correspondencia directa entre financiamiento y uso de recursos. Se generan, así, los incentivos para que una mejor docencia atraiga mejores alumnos.
Los recursos aportados para este objeto por las Unidades no son de libre disposición de la institución, y deben volver traducidos en beneficios a los alumnos de la Unidad que los aporta. Algo de estos recursos puede asignarse solidariamente para entregar estos beneficios a alumnos de otras Unidades, pero de manera limitada y transparente.
Una parte del AFD debe asignarse para mantener el desarrollo equilibrado que tiene que tener el variado quehacer temático y disciplinario que debe cultivar la Universidad de Chile. Esta parte del AFD debe servir, entonces, para que la Universidad desarrolle y mantenga la capacidad de pensar e invertir a largo plazo en lo académico, y para que ella tenga cuerpos académicos que sean genuinamente fuertes en todas las áreas que estén dentro de su quehacer, y para lo cual se deben incorporar criterios explícitos de evaluación de los desempeños correspondientes.
Situaciones concretas que ejemplifican la situación actual se exponen a continuación.
No obstante lo anterior, la Facultad ha hecho un gran esfuerzo por: (a) disminuir sus gastos de funcionamiento, (b) concursar con éxito por recursos externos para la investigación, (c) gestionar con éxito el apoyo financiero de empresas públicas y privadas, (d) aumentar el tipo y variedad de sus actividades docentes y de investigación, (e) aumentar su presencia y capacidad de convocatoria en el medio relevante, nacional e internacionalmente, (f) aumentar sus ingresos propios, de modo de contribuir a la actividad académica y financiar inversión, (g) atraer a buenos alumnos de enseñanza media, (h) mejorar el desempeño de sus cuadros académicos, (i) realizar procesos de evaluación y calificación académica rigurosos, (j) hacer más atractiva la Facultad a los académicos, especialmente a los más jóvenes, (k) mantener el liderazgo nacional en las áreas que cultiva.
A raíz de lo anterior, la Facultad está viendo severamente deterioradas sus capacidades para mantener el nivel y cantidad de sus actividades. Ello, porque están siendo afectadas las bases mismas sobre las cuales la Facultad ha construido su quehacer: el recurso humano académico, el recurso humano estudiante y la infraestructura docente y de investigación:
A pesar del nivel y cantidad de lo producido en investigación por los académicos de la Facultad, hoy se les dice que no hay más recursos para incrementar sus remuneraciones, actualizar laboratorios, y renovar y mantener los cuadros académicos, y que la única opción es seguir haciendo esfuerzos al interior de la Facultad. ¿Qué se les puede decir a los académicos cuando quieren saber cómo se relaciona la asignación del AFD con la productividad de investigación y creación realizada por las Unidades?
Esta situación genera en ellos desánimo y profunda molestia cuando se les dice que la única solución para mejorar sus remuneraciones es seguir reduciendo el número de académicos de la Facultad, desde su actual dotación de 226 académicos de jornada completa, lo que representa el 56% de lo que era en 1974 (en 1974 era de 402, en 1982 era de 308, en 1992 era de 267, en 1996 es de 226).
El Consejo de la Facultad no puede seguir ignorando las consecuencias generadas por el hecho que las remuneraciones de los académicos de la Facultad son hasta la tercera parte de las que tienen sus pares nacionales. Esto, independientemente del hecho que existan áreas en que los académicos tienen mayor facilidad para obtener suplementos de remuneraciones por su participación en actividades financiadas externamente. Esta situación no representa un número significativo de académicos y no es aplicable a todas las áreas que se cultivan en la Facultad.
Este Consejo considera que no es su idea de Universidad la de transformar a la Facultad en una empresa de venta de servicios profesionales de cualquier tipo y nivel, con el objeto de generar excedentes que permitan sueldos dignos a algunos de sus académicos, y que contribuyan a financiar actividades que supuestamente deben ser financiadas por los aranceles de los alumnos, el AFI, el AFD y los overheads de los proyectos Fondecyt y Fondef.
Las mayores exigencias académicas que se están imponiendo en la Facultad hacen incompatible la participación de académicos en el desarrollo de proyectos que sólo busquen la generación de ingresos para poder suplementar remuneraciones y hacer frente a las dificultades financieras de la institución.
A pesar de estas consideraciones, los alumnos de la Facultad cancelan $ 2.541 millones de pesos por aranceles (aproximadamente), y el AFI que aporta el Estado por los alumnos de la Facultad es de $ 626 millones de pesos. De este total de $ 3.167 millones de pesos, la Facultad recibe solamente $ 1.932 millones de pesos, es decir, el 61%. La diferencia, esto es, $ 1.235 millones de pesos (aproximadamente), queda en el Fondo General, cifra muchísimo mayor que lo que reciben los alumnos de la Facultad por concepto de becas y otro tipo de ayudas económicas y de salud.
Como estas cifras son ampliamente conocidas por los alumnos, ¿qué explicación se les puede dar cuando están viendo que en la gran mayoría de las ingenierías "duras" los laboratorios docentes de la Facultad tienen equipamiento adquirido hace 30 y 50 años, y que en muchas áreas la docencia experimental ha dado paso a un par de "clases demostrativas" por falta u obsolescencia de equipamiento?, ¿o cuando ven que hay áreas de formación de ingenieros, de gran relevancia nacional, en las que, simplemente, no hay laboratorios docentes y es imposible contratar docentes calificados, lo que deteriora el nivel del profesional que se está formando?, ¿qué decirles cuando reclaman respecto a las carencias de infraestructura y lugares de estar?
¿Cómo se les dice a los alumnos que no existen más recursos para la docencia, si ellos ven que parte importante de lo que les corresponde recibir por lo que pagan por aranceles y generan por AFI (el 39%) no llega a la Facultad?
Esto está generando una creciente inquietud entre los estudiantes y egresados de la Facultad, la que sería difícil de contrarrestar, y menos de contra argumentar de manera pública.
Señor Rector, estamos convencidos que una condición necesaria para el desarrollo de actividad académica de excelencia es contar con un capital humano de gran capacidad intelectual y motivación. Esta es una característica que constituye la fortaleza de la Universidad de Chile. Sin embargo, esta no es una condición suficiente, se debe contar también con los recursos para llevar a cabo la obra de educar y crear conocimiento. Esta segunda condición es sobre la cual se observan las mayores dificultades en nuestra casa de estudios y que atenta directamente al logro de nuestros altos objetivos. En nuestra Facultad existe el convencimiento que es posible y necesario perfeccionar nuestros criterios de asignación presupuestaria, pues los actuales producen incentivos ambiguos que actúan en contra del desarrollo académico y la estabilidad institucional en el mediano plazo. Queremos que se entienda que las proposiciones de esta carta no son un fin en sí mismo, sino que constituyen una necesidad administrativa prioritaria para hacer factibles los objetivos académicos.
Esperando una reacción positiva a esta solicitud, le saluda muy atentamente,